13 de abril

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Realizado por: Humberto J. González Silva

Epa, hijo, levántate, que hoy es 13 de abril, que la gente que ya estaba en la calle se multiplica y ahora son torrentes que se van a Miraflores a sacar a los usurpadores; que se van a Fuerte Tiuna a unirse con los militares patriotas.

Si se pone la fecha heroica de la Revolución Bolivariana, el día en que la gente tomó el cielo por asalto, ese es el 13 de abril, porque una cosa es alzarse en armas y por ahora, y luego ganar las elecciones con un torrente, pero de votos. Y otra cosa muy distinta es esa de ver subir por la autopista desde La Guaira al montón de gente decidida, de saber que en Maracay el pueblo rodeaba los cuarteles y los militares se pronunciaban.

Los que el doce revoloteaban en Miraflores, celebrando y después se reunían en una fiesta de alta sociedad del tipo “te queremos, Pedro” (nadie o pocos sabían quiénes eran, pero ahí estaban aplaudiendo frenéticos: “se elimina la Asamblea Nacional, se destituyen el fiscal, el Tribunal Supremo de Justicia, volvimos y vuelve la Constitución del 61, ya no somos bolivarianos”). Esos que lucían arrogantes y embriagados de poder firmando un acta que decía que ahora era Carmona y que todos volvían (el arzopisbo, el gobernador Manuel Rosales, que si Fedecámaras, que si la CTV, que si las ONG que de nuevo eran representantes de la sociedad civil), todos esos salían corriendo de Miraflores. Y casi de inmediato, la gente frente a las puertas y la Guardia de Honor saludando y vitoreando.

Entraban a Palacio Aristóbulo y Héctor Navarro y se encontraban con los “detenidos”, los que no tuvieron tiempo de correr y que ahora lucían su maquillaje chorreado. El pueblo tomando el poder y vuelve Chávez. De la pregunta dónde estaba Chávez, pasamos al helicóptero donde regresaba. Y la magia de una toma de Palacio, donde no regresa la retaliación sino la cruz, la Constitución, el llamado a rectificar y a devolver la paz.

Han pasado veintidós años, y si vemos los que van en la marcha, muchos no habían nacido o eran niños y niñas. El entrecruzado de algunos con canas conserva la memoria, pero hay que refrescarla, aún en ellas y ellos (y en nosotros). Desde entonces, hay que ver lo que hemos pasado, porque ha sido una revolución de verdad, con sus contradicciones, victorias, bloqueos y guerra de todo tipo. Por ese proceso que sigue vivo y que hay que siempre traer a la conciencia, seguimos adelante.

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